Contaminación lumínica y su regulación

Contaminación lumínica CTIO

Contaminación lumínica de La Serena, observada desde el Observatorio de Cerro Tololo. Copyright: Hernán Stockebrand.

A comienzos de mayo fue publicada una norma para regular la contaminación lumínica en las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, para que esta no interfiera con las observaciones astronómicas llevadas a cabo en el norte de Chile por algunos de los observatorios más productivos del mundo.

Los astrónomos han puesto desde hace varios años su mirada en Chile como el destino ideal para instalar poderosos telescopios que les permitan desentrañar los misterios del Universo debido, principalmente, a la calidad de nuestro cielo y el clima favorable para la observación.

Sin embargo, el cielo óptimo que conocieron los científicos hace algunos años ha ido cambiando y perdiendo su calidad debido a la expansión de las ciudades y pueblos y la consiguiente contaminación lumínica producida por la casi nula o inexistente preocupación por parte de las autoridades.

Y esta contaminación no solo afecta a los astrónomos y observatorios, sino también a todo aquel que disfruta del esplendor del firmamento o a quienes deseen conocer la belleza del cielo; patrimonio de la humanidad. Además es un tema especialmente sensible para hábitats ecológicamente delicados.

Pero primero, ¿qué es la contaminación lumínica?

La contaminación lumínica se define como la introducción por parte de la actividad humana de la luz artificial en el medio ambiente, directa o indirectamente. La contaminación que podemos evitar podríamos definirla como la emisión del flujo luminoso de fuentes artificiales nocturnas en intensidades, direcciones y/o rangos espectrales inadecuados e innecesarios para la función a la que está destinada, o también cuando nos referimos al empleo de iluminación en ámbitos no recomendables como observatorios astronómicos, espacios naturales y paisajes sensibles.

– Fundación Starlight

Para quienes viven en o cerca del centro de grandes ciudades sabrán lo difícil que es observar las estrellas desde esos lugares debido a la luz que no solo ilumina el piso y las casas o edificios, sino también el cielo, opacando el brillo de los astros.

Contaminación lumínica CTIO

Contaminación lumínica de Vicuña, observada desde el Observatorio de Cerro Tololo. Copyright: Hernán Stockebrand.

Afortunadamente, y contrario a lo que algunos puedan pensar, la contaminación lumínica puede ser reducida de una manera relativamente fácil y además viable.

No obstante, los principales detractores de la regulación de la contaminación lumínica son las personas que viven en las ciudades donde rigen estas normativas, simplemente por desconocimiento. Creen que el regular las emisiones de luz significa reducir la iluminación de las calles, lo que afectaría directamente a su seguridad ya que causaría un aumento de los niveles delincuencia. ¿Es cierto esto?

Más iluminación no significa que esta sea óptima. Usando una cantidad menor de energía podemos iluminar de mejor manera las calles, utilizando faros que apunten su luz hacia abajo en lugar del cielo.

Por otro lado, la misma luz que usted cree que le brinda más seguridad puede jugar justamente el papel contrario ayudando a ocultar a los delincuentes en caso que sea demasiado brillante, como se puede ver en la imagen inferior. El exceso de luz también afecta la seguridad de los conductores, ya que puede causar peligrosos encandilamientos.

Iluminacion y seguridad

En su casa, la luz brillante puede ocultar a intrusos (izquierda), pero pueden ser visto fácilmente con luz protegida. Crédito: Martin Morgan-Taylor/IDA.

Si desea profundizar en el tema de seguridad e iluminación, puede consultar el documento “Contaminación Lumínica y Seguridad” de la International Dark-Sky Association (IDA). En el documento podrá encontrar consejos para iluminar las casas o lugares públicos, de manera que podamos mejorar la seguridad de esos lugares, ahorrar energía, y evitar dirigir luz hacia el cielo.

Si bien gran parte de la contaminación lumínica está relacionada con la forma en que se utiliza la luz, en el estudio “Limiting the impact of light pollution on human health, environment and stellar visibility” se demuestra que la cantidad de contaminación depende fuertemente de las características espectrales de las ampolletas (o bombillas), siendo las de sodio de baja presión “más respetuosas con el medio ambiente” que las ampolletas de sodio de alta presión.

Una buena idea sería también usar ampolletas que emitan solo en el rango visible del espectro electromagnético.

Starlight resume tres soluciones:

  1. Promover sistemas de iluminación inteligente – Bastaría con seguir tres principios al alcance de la mano. Primero, iluminar lo que necesite ser iluminado. Segundo, hacer uso de la iluminación exterior cuando haga falta. Por último usar luminarias que eviten totalmente el flujo de luz hacia el horizonte o hacia el cielo. Es absurdo enviar luz a las estrellas derrochando energía.
  2. Hacia una nueva cultura de la iluminación – La limitación de la contaminación lumínica y la recuperación de la calidad del cielo nocturno debe formar parte de la nueva cultura de las ciudades sostenibles y comprometidas con el cambio climático.
  3. Nuevas ventanas a la tecnología de la iluminación – Existen actualmente tecnologías ecoeficientes que permiten limitar la contaminación lumínica: luminarias, sensores, reguladores de flujo y tiempo, detectores de presencia o nuevas generaciones de lámparas. Es posible usar lámparas más eficientes y que no emitan en longitudes onda nocivas para el medio ambiente, evitando el uso de la luz blanca, incluidos los LEDs blancos.

Así, podríamos mirar al firmamento y encontrar el patrimonio celeste que hoy es ocultado por una mala iluminación, sin perjudicar en absoluto e incluso mejorando la seguridad de las personas.

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