El espectáculo de las Líridas

Radiante de las Líridas

Radiante de las Líridas. Créditos (modificado): IAU / Sky & Telescope / R. Sinnott / R. Fienberg

Cuando hablamos de lluvias de estrellas (lluvias de meteoros, estrictamente hablando), mucha gente piensa en las Perseidas de agosto o las Leónidas de noviembre. Incluso a algunos les suenan las Gemínidas de diciembre. Pero no son las únicas lluvias de meteoros que nos visitan cada año.

Y os cuento esto porque entre los días 21 y 22 de abril se producirá el máximo de la lluvia de las poco conocidas Líridas. No es una lluvia de una actividad excepcional (20 meteoros/hora aprox.), pero en ocasiones se han tenido máximos de más de 100, como el de 1982, igualando la actividad de otras lluvias como las Perseidas o las Cuadrántidas. Es cierto que no se suelen conocer estos máximos fuera de su actividad normal, así que es una buena ocasión para salir al campo y disfrutar de la noche; seguramente nos sorprendan unas cuantas Líridas, y con un poco de suerte, un máximo en su actividad.

¿Cómo se produce una lluvia de estrellas?

Todos hemos salido alguna vez al campo a ver lluvias de estrellas, pero… ¿sabemos cómo se producen? Es algo muy sencillo. Para ello, tenemos que empezar hablando de cometas.

Un cometa es una bola de nieve sucia que va girando alrededor del Sol en una órbita generalmente estable. Conforme se va acercando, la nieve sublima formando las espectaculares colas que hemos visto en cientos de fotografías de cometas como el Halley, Hyakutake, Hale Bopp o Garradd.

Tras de sí los cometas abandonan a lo largo de la órbita residuos polvorientos llamados meteoroides formando lo que se conoce como tubo meteórico, renovándose en cada paso del cometa. Y como la órbita del cometa es generalmente estable, el tubo meteórico está siempre en el mismo lugar del sistema solar.

Ahora bien, la Tierra gira alrededor del Sol también en una órbita estable  con lo cual siempre se topa con un tubo en concreto en la misma época del año. Así pues, algunos de estos meteoroides se ven atraídos por nuestro planeta, precipitándose hacia nosotros a unas velocidades de 30-40 Km/s. Es entonces cuando hablamos de las lluvias de estrellas, siempre fieles a su cita anual.

Los meteoroides que no se han visto atraídos han sido alterados de su posición, llegándose a colocar hacia el centro del tubo para así al año siguiente volver a provocar una lluvia de meteoros, y así sucesivamente hasta que el cometa vuelva a enriquecerlo.

¿Cómo se produce el meteoro?

Ya sabemos el porqué de la periodicidad anual de las lluvias de estrellas. Pero… ¿cómo se forma el meteoro o estrella fugaz? Más del 99% de los meteoroides son partículas que no superan la décima de milímetro (0.0001m), pero cuando son atraídos por la Tierra alcanzan unas velocidades superiores a la de cualquier aparato creado por el hombre.

A estas velocidades (30-40 Km/s) el impacto contra nuestra atmósfera es tan violento que hace que el meteoroide entre en ignición, se volatilice y deje tras de sí una estela producto de esa combustión: es lo que llamamos una estrella fugaz o meteoro. El color depende de la composición del residuo, mientras que el brillo, es proporcional al tamaño.

El <1% restante

Hemos hablado de más de un 99% de meteoroides de tamaño submilimétrico. ¿Qué ocurre con el resto? Son partículas más grandes. Por ejemplo, una partícula del tamaño de una lenteja podría provocar un meteoro más brillante que Venus (visto desde la tierra, por supuesto…), esto es, una magnitud inferior a -4. Hablaríamos pues de un bólido.

Y si nos topamos con un meteoroide de, por ejemplo, una pelota de tenis, su brillo sería superior al de la Luna (mag. inferior a -12), hablando entonces de una bola de fuego o fireball.

Por último, en el excepcional caso de que el meteoroide sea lo suficientemente grande como para vencer la fricción atmosférica, algún fragmento puede impactar contra la superficie de nuestro planeta. Hablaríamos entonces de un meteorito.

El caso de las Líridas

En el caso concreto de las Líridas, son producidas por el cometa Thatcher, formando meteoros de un color blanquecino. Su actividad, como dije arriba, se prevé de unos 20 meteoros/hora, aunque puede haber sorpresas.

Ahora sólo falta esperar a que el cielo esté despejado y podamos disfrutar del espectáculo.

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