Explosión en órbita terrestre baja

Representación de la explosión de la etapa superior de un cohete. Crédito: ESA.

Hace unos meses, la etapa elevadora Breeze M construida por Rusia y que debía subir la altitud de órbita de 2 satélites (TELKOM 3 y EXPRESS MD2) falló en su tercera ignición apagándose el motor que debía poner ambos objetos en trayectoria geoestacionaria tras 7 segundos de ignición. Esto ocurrió después de que el ordenador de a bordo detectara una anomalía en el motor y lo apagara, y mas tarde separara los satélites de la etapa elevadora.

Por lo tanto, los tanques auxiliares de esa 3º ignición estaban prácticamente llenos, y no era de extrañar que pudieran explotar (aunque no tenían por qué).

El pasado día 16, el famoso astrónomo Rob McNaught observó decenas de fragmentos en una misma órbita, lo reportó y horas más tarde los aficionados coincidieron que en esa misma órbita se encontraba la etapa elevadora, por lo tanto se llegó a la conclusión de que el tanque había explotado dejando centenares de trozos de basura espacial. Hace unas horas que se han catalogado y publicado las órbitas de la basura, que tienen un perigeo de entre 210-270 km y un apogeo de 4.500-5.500 km. Esta basura está repartida en la antigua órbita de la etapa elevadora, y se cruza en la trayectoria de muchos satélites famosos como la ISS (Estación Espacial Internacional), el telescopio espacial Hubble, y otros muchos satélites destinados a la ciencia, fotografía de la Tierra o militares.

Existen catalogados más de 80 trozos de basura tras la explosión (aunque se estima que son muchos más), cuyo tamaño supera la de una pelota de tenis, ya que trozos más pequeños son demasiado difíciles para rastrear.

Hoy por la madrugada, Kevin Fetter, observador de satélites, ha observado el trozo mas grande que queda de la explosión, en una magnitud de entre 8 y 9 (mucho mas oscuro que el planeta Urano y algo mas que Neptuno), y con diferentes cambios de brillo aleatorios como suele acostumbrar las piezas grandes de basura tras un choque o explosión.

Cada día hay más preocupación entre los ingenieros aeronáuticos sobre el síndrome de Kessler, que relata que en caso de un choque o explosión de un aparato se puede originar centenares o miles de trozos de basura que pueden alcanzar otros objetos y así crear más basura aún, provocando una reacción en cadena que haría la órbita terrestre baja inhabitable para satélites y por supuesto par naves espaciales con humanos a bordo.

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