Material necesario para la observación astronómica

Espejo secundario de telescopio

Espejo secundario de un telescopio. Crédito: Waifer X (Flickr).

Tras haber dado un vistazo al material analizado hasta ahora, quizá ya sabréis distinguir algún objeto que otro, constelaciones, planetas, estrellas, etc., y ya ha llegado el momento de querer ir “más allá”, profundizar en el espacio para ver sus maravillas un poco más de cerca.

Como ya comentamos en el primer post de esta serie, a simple vista (y si es un lugar con poca contaminación lumínica, mejor que mejor), podéis distinguir multitud de astros de diversa índole: estrellas, planetas, nebulosas, cúmulos, galaxias, etc.

Para ver con más detalle estas maravillas del universo, necesitaréis ayuda óptica, ya sean unos prismáticos o un telescopio. Pero antes de profundizar en estos 2 tipos de instrumentos (con sus variantes), hablaremos un poco de porqué y cómo éstos utensilios nos acercan al espacio.

Lo que hacen los instrumentos ópticos de observación es básicamente captar luz (mediante lentes o espejos), y concentrarla en un punto donde, mediante un ocular, ésta luz es ampliada. Suena simple, pero tanto las lentes como los espejos de estos instrumentos son auténticas maravillas de la ingeniería, y más hoy en día, con la incorporación de nuevos materiales llamados “exóticos”, como el lantano, las lentes de baja dispersión (ED), etc…

La pupila humana dilata, una vez acostumbrada a la oscuridad, unos 8mm, entonces pensemos en unos binoculares con lentes de 50mm (7×50, 10×50…), y apliquemos la siguiente fórmula, para saber cuántas veces más luz captan éstos últimos respecto a nuestras pupilas:

(D/6)², donde D es la apertura en mm del aparato óptico en cuestión (en este caso 50mm). Ésto sería (50/6)²=8.33²=69.41.

O sea, que unos prismáticos de 50mm ¡captan 69.41 veces más luz que nuestros ojos! Imaginad pues, lo que puede captar un telescopio amateur, ¡que pueden llegar a tener 300mm o más! Los más habituales entre los aficionados suelen estar entre los 60mm y los 200mm. Hacemos incapié en esto porque lo más importante en astronomía es la captación de luz, no los aumentos.

Además de la apertura, hay otra característica llamada distancia focal: es el recorrido que hace la luz desde que entra al telescopio hasta llegar al ocular. Normalmente se expresa en milímetros. Normalmente (no siempre), esta cifra coincide con el tamaño (largo) del tubo.  Esta cifra, dividida por la distancia focal de nuestros oculares, nos permitirá saber cuántos aumentos vamos a obtener con cada uno de los que tengamos. Por ejemplo, con un telescopio de 1200mm de distancia focal y un ocular de 25mm, obtendremos un aumento de: 1200/25=48X.

Nunca debéis dejarnos impresionar por las cajas de los telescopios que están normalmente en las grandes superficies, con unas fotos espectaculares de nebulosas y galaxias a todo color, y cifras como: 525x. Los aumentos no son lo importante. Además, es virtualmente imposible ver NADA a 525 aumentos con un telescopio de 60mm, y con ópticas que dejan mucho que desear, algunas de ellas incluso plásticas. Es mucho mejor ir a un centro especializado en aparatos de observacón (telescopios, microscopios, etc.) y comprar un telescopio con unas ópticas dignas, y además contar con el asesoramiento de  personal especializado. Es mejor pagar 120 euros y ver algo, que pagar 40, y no ver absolutamente nada. Hacemos incapié en lo de los aumentos, porque en muy pocos casos vais a pasar de los 200-300 aumentos, como en observación planetaria, lunar, estrellas dobles, etc. En los demás casos, como en la observación de cielo profundo (objetos más allá del Sistema Solar), llegaréis a usar aumentos que ahora os pueden sonar ridículos, como 25x o 40x. El motivo es que los objetos de cielo profundo, aún estando mucho más lejos que los planetas del Sistema Solar, son inmensamente más grandes que éstos, y algunos de ellos ocupan grandes áreas del cielo. Por ejemplo, la galaxia de Andrómeda, la más cercana a nosotros, ocupa en el cielo a simple vista más extensión que la luna, en cambio, a ojo desnudo la vemos como una estrella, y si el lugar de observación tiene un cielo totalmente libre de cualquier contaminación, veremos una estrella con un “parche” de luz a su alrededor. Por eso es importante la captación de luz: un instrumento óptico recoge la luz proveniente de sus millones de estrellas, y entonces vemos su forma espiral, con pocos aumentos. Si aplicas, por ejemplo, 100x, sólo veréis el centro.

En cuanto a los aumentos, hablemos de los límites de los telescopios según su apertura. Hay una fórmula genérica que consiste en multiplicar por 2 la apertura en mm. Por ejemplo, un refractor de 60mm tendría un aumento máximo de 120. Podríamos aumentar más, y si las ópticas son buenas seguiremos teniendo una imagen decente. Pero este límite tiene su lógica. Los telescopios, según su apertura, o sea, su captación de luz, nos pueden dar más detalle a medida que sube la apertura. Por ejemplo, si en un telescopio de 60mm le aplicamos mucho más de 120x, veremos el objeto más grande, pero con mucho menos detalle. En cambio, con esos mismos aumentos, pero con una apertura mayor, pongamos 150mm, el detalle será mucho mayor. Es como, por ejemplo, aumentar una foto de 2 megapíxeles al lado de una de 14 megapixeles, las dos puestas en una pantalla en un marco del mismo tamaño. La de 14 la podrás aumentar muchas veces, y en la de 2 enseguida verás que se pixela, y a más aumentos, peor. En cuanto llegas al límite, aumentar más no tiene sentido.

Otro aspecto a tener en cuenta también es la llamada relación focal de un telescopio. Normalmente viene en la placa de características que llevan los telescopios en su tubo,  junto con la distancia focal y la apertura. Ésta se obtiene dividiendo estas dos últimas características: distancia focal/apertura (las 2 en mm, por supuesto): por ejemplo, un telescopio con una distancia focal de 1200mm y una apertura de 120mm tendría una relación focal de: 1200/120=10, y se expresaría como F:10. Ésta cifra indica la luminosidad de un telescopio. A más baja es la cifra, más luminosa es la imágen resultante, abarcando además más campo visual (esto también depende de la apertura). Los telescopios amateurs suelen ir desde F:4 (reflectores) hasta F:15 (refractores). Esto no significa que sean mejor las relaciones focales bajas, ya que cada una tiene sus ventajas y desventajas según el campo en el que se usen (planetaria, cielo profundo, etc.).

Vamos a ver los instrumentos recomendables para vuestras observaciones:

Prismáticos o binoculares

Bushnell Binoculars

Bushnell Binoculars. Crédito: surfcrs (Flickr).

Muchos de vosotros seguramente tenéis algunos prismáticos en casa, usados generalmente para cuando salís de excursión, vais a la montaña, al mar… pero muchos no habéis pensado en ellos como un instrumento para la astronomía. Y realmente son muy útiles a la hora de obsevar el cielo. Se puede ver una gran cantidad de objetos en el cielo: los cráteres lunares, las lunas de Júpiter, algunos cúmulos estelares, nebulosas, algunas galaxias, etc. Los más recomendables para astronomía suelen ser los de 7×50, o 10×50. El primer número son los aumentos, y el segundo son los milímetros de apertura. Si disponéis de algunos más pequeños, también os pueden servir. Recordando lo antes mencionado, cualquier apertura más grande que vuestras pupilas os permitirá ver cosas que a simple vista no captais.

Hay marcas de instrumentos ópticos que fabrican prismáticos específicos para la observación astronómica, con lentes especialmente tratadas, y algunos con filtro para polución lumínica. Pero os puede bastar con unos más normales, ya que estos más especializados se disparan un poco en el precio. También los hay de más grandes, con 60, 70 e incluso 80mm de apertura, pero con estos es obligatorio el uso de un trípode, dado que su peso ya empieza a ser importante. También podéis adaptar los vuestros a un trípode fotográfico para una observación más cómoda, mediante unos adaptadores que se roscan a los prismáticos (hoy en día casi todos llevan una rosca para tal cometido). Incluso con un podo de habilidad y un par de tornillos de la medida correcta, os podéis fabricar vuestro propio adaptador.

Binoculares de distintas medidas

Binoculares de distintas medidas

Incluso cuando dispongais de un telescopio, los binoculares son el complemento ideal que deberíais llevar siempre, pues sirven de “buscador” para localizar objetos para su observación.

Telescopios

El telescopio es una ventana al cielo, y para el astrónomo aficionado es su herramienta primordial. La elección de un primer telescopio es muy importante, puesto que de ella dependerá en gran medida nuestra continuidad en la astronomía amateur. Si tiene la calidad adecuada, y sabéis sacarle todo su partido, se convertirá en vuestro compañero inseparable de observaciones. Por eso es muy importante un asesoramiento inicial de alguien experto, alguien que sepa lo que es mirar a través de un telescopio. Hay 3 clases principales de telescopios: el refractor, el reflector y el catadióptrico. Cada uno de ellos capta la luz de un modo particular. Aquí podéis ver unos esquemas básicos de su construcción y de cómo captan la luz, indicada por las líneas con flechas que empiezan por la parte derecha del gráfico:

Captación luz

Captación de luz. Click para ampliar.

Hablemos de ellos y de los campos en los que mejor rinde cada uno.

Refractor

Refractor

Telescopio refractor.

El telescopio refractor es el que usa un sistema de lentes convergentes para captar las imágenes de objetos lejanos (ver esquema, figura (a)). Suele ser el primer tipo de telescopio con que los amateurs empiezan o entran en contacto con la astronomía. Utiliza la misma mecánica de captación de luz que el conocido catalejo, pero con una construcción y prestaciones más complejas y avanzadas. Entre los aficionados, los refractores más populares oscilan entre los 60mm y los 100mm de apertura, ya que a partir de esta última medida (120, 150…) el precio se dispara considerablemente, dado que es muy complejo construir lentes tan grandes con buena calidad, y el peso del telescopio empieza a ser comprometido con grandes aberturas, cosa que dificultaría su transporte.

Donde mejor rinden los refractores es en observación planetaria, lunar y estrellas dobles, puesto que la mayoría tienen una relación focal de 10 a 15 aproximadamente, provocada en mayor parte por su limitación en cuanto a apertura, cosa que hace más difícil la observación de objetos difusos de cielo profundo, que requieren algo más de apertura y una relaciónn focal algo más baja (de 5 a 8 es la ideal para este campo).

En cuanto a precios, los refractores no son muy caros, siempre que no pasemos de los 100mm de apertura. Por poco más de 130 euros aproximadamente, puedes conseguir un equipo de, por ejemplo, 70mm con un juego de oculares y trípode con su montura, y con ópticas más que decentes para empezar.

El mantenimiento de estos telescopios es prácticamente nulo, simplemente debéis tener cuidado de conservar sus lentes protegidas cuando no lo uséis, y limpiarlas con los utensilios recomendados cuando haga falta.

Reflector

Reflector

Telescopio reflector.

El reflector hace uso de un espejo primario para captar la luz que entra en su tubo, reflejándola a un pequeño espejo secundario, y enviándola finalmente al ocular (ver esquema, figura (b)). Éste tipo de telescopio fue inventado por Isaac Newton, por lo que a la mayoría de reflectores se le suele llamar reflector newtoniano. Los reflectores, dado que sus aperturas suelen ser grandes (a partir de 114mm, o 150mm), poseen una relación focal baja (desde 4 a 8), lo que los hace aparatos con imágenes muy brillantes y campos de observación amplios. Al no tener lentes, no hay problema de limitaciones en cuanto a apertura se refiere. También hay que tener en cuenta la portabilidad, ya que no es lo mismo mover un reflector de 200mm que uno de 400mm. Y, como dicen algunos expertos, el mejor telescopio que puedes tener no es el más grande que puedas comprar, ¡sino el que más vas a usar!

Uno de los grandes inventos aplicados a los reflectores, absolutamente aclamado por los aficionados de todo el mundo, es la montura llamada Dobson, cuyo nombre viene del astrónomo amateur que la inventó en 1960, John Dobson. Es una montura usada para los reflectores, debido a que éstos son bastante voluminosos, y a partir de 200mm necesitaríais una trípode que probablemente valdría más que el tubo, y sería bastante engorroso su manejo. Esta montura permite un manejo facilísimo del tubo, y una posición de obsevación muy cómoda, por grande que sea el telescopio. Aquí tenéis imagen de un reflector sobre una montura Dobson:

Reflector y montura Dobson

Reflector sobre montura Dobson.

El telescopio reflector sirve para todo tipo de observaciones, pero destaca en observación de cielo profundo y objetos difusos, debido a su gran capacidad de captación de luz gracias a su generosa apertura. Esto os permitirá ver nebulosas, galaxias, cúmulos, y otros objetos que quedan un poco fuera del alcance de un refractor básico. Podríamos decir que donde terminan las aperturas de los refractores para amateurs (150mm), empiezan las apreturas para los reflectores (aunque los hay más pequeños).

En cuanto a precios, el reflector es el telescopio con mejor relación precio/apertura. Por el precio de un refractor de 100mm, podéis conseguir un reflector de 200mm (o incluso 250mm). No por este motivo debéis ir a por el más grande que vuestro bolsillo os permita, puesto que por ejemplo, 150mm ya es una buena apertura, que os puede proporcionar años de observación. Muchos amateurs opinan que el “límite” de buena apertura/portabilidad es de 200mm (algunos dicen que 250mm).

Los reflectores requieren algo más de mantenimiento que los refractores por parte del usuario, puesto que de vez en cuando hay que “realinear” el espejo primario, que por causas de temperatura, transporte, etc, puede variar un poco su perpendicular respecto al espejo secundario, dándonos imágenes algo distorsionadas. A este ajuste se le llama colimación del espejo. Eso no quiere decir que haya que ajustarlo a cada sesión de observación, sólo de vez en cuando, y además no es algo muy complicado. Hay oculares específicos para estos ajustes, y una vez acostumbrados, será tarea fácil.

Catadióptrico

Catadioptrico

Telescopio catadióptrico.

El tercer tipo de telescopio es el llamado catadióptrico. Vendría a ser como un híbrido entre un refractor y un reflector, puesto que usa sus 2 elementos principales: La luz entra a través de una lente correctora, se refleja en un espejo primario, luego a un secundario, y es enviada al ocular (ver esquema, figura (c)). La mayoría suele tener una relación focal de 10, lo que les sitúa a medio camino entre refractor y reflector, dando como resultado un telescopio apto para todo tipo de observaciones, ofreciendo unas imágenes nítidas y brillantes. Suelen partir desde aperturas de 90mm, y pueden llegar a los 400mm e incluso más (a partir de estas aperturas, os tendréis que preguntar: ¿me cambio el coche o me compro uno de éstos? :D).

Dentro de los catadióptricos nos encontramos 3 variantes principales: los Schmidt-Cassegrain, los Maksutov-Cassegrain y los Schmidt-Newton. Las diferencias entre los 3 residen básicamente en el diseño de la lente correctora, pero su funcionamiento básico es el mismo.

En estos telescopios, la luz hace un gran recorrido al rebotar en 2 espejos, dando como resultado tubos muy cortos incluso en distancias focales largas. Por ejemplo, el tubo de un catadióptrico de 200mm y 2000mm de distancia focal mide tan sólo 44 cm de largo (en refractores o reflectores normales, ¡el tubo debería medir 2 metros de largo!). Esto los convierte en aparatos compactos y prácticos para transportar.

El precio de estos telescopios se dispara bastante respecto a sus competidores, debido a la complejidad de su construcción. Un catadióptrico de, pongamos, 200mm de apertura, puede triplicar o cuadruplicar (según la marca) el precio de un reflector del mismo diámetro. Muchos de ellos vienen con una montura tipo “horquilla”,  un sistema de motores de seguimiento y una unidad de control con miles de objetos en su memoria, que nos localiza y centra en el ocular el objeto deseado (ver foto de este apartado). Es el llamado sistema “Goto” (ir a…). También hay refractores y reflectores con este sistema, pero los catadióptricos fueron de los primeros en adoptarlo.

Conclusión

Después de repasar el material básico que podáis necesitar para empezar un poco en serio vuestras observaciones, hay algunos consejos que hay que tener en cuenta:

  • Es mejor empezar con un equipo básico y no cargarse con muchos trastos desde un principio. Con la mayoría de los telescopios siempre se incluyen un par de oculares, que os van a dar distintos aumentos. Siempre estaréis a tiempo para ampliar vuestro equipo, y al cabo de una temporada usándolo veréis qué es lo que realmente os puede hacer falta.
  • Intentar evitar lo que los astrónomos amateur americanos llaman la “Aperture Fever” (fiebre de la apertura). Usaréis mucho más un telescopio que podáis manejar facilmente que otro más grande, más potente pero también más engorroso de transportar.
  • El sistema “Goto” antes comentado es muy práctico, pero no esencial. Además encarece el producto. Si estáis en un sitio donde la polución lumínica es elevada, puede ser práctico a la hora de localizar objetos que no podemos ver a simple vista por culpa de las luces ambientales. El sistema de seguimiento también tiene sus ventajas, sobre todo cuando se trabaja a elevados aumentos, evitando tener que reposicionar el telescopio a menudo. Pero hay que tener en cuenta que todo esto es opcional, ya que con un planisferio y un telescopio con su equipo básico podéis disfrutar de lo lindo.

Ver artículo original en Nuestro Tiempo Libre aquí.

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Acerca de Quim Quer

Quim Quer, de profesión productor y compositor musical, es aficionado a la astronomía desde que tenía 12 años. Fué a esa edad cuando recibió un regalo sorprendente: un telescopio refractor de 60mm, que aún conserva hoy en día, más de 30 años después. Fué socio de la Agrupación Astronómica de Sabadell durante unos años, donde asistió a cursillos y observaciones semanales, y eso afianzó aún más su entusiasmo por el conocimiento y observación del Universo. Le gusta escribir artículos que aconsejen e informen de manera sencilla e inteligible a personas neófitas acerca de Astronomía y Ciencia, entre otros campos. Es creador y administrador nuestrotiempolibre.com, web en donde también hay una sección dedicada al Cosmos.

  • Jon Mikel

    Brutal articulo, muy bueno.

  • Yazmin

    Es muyyyyyyyy malo osea ponganlo corto