Una nueva idea de la creación del Universo, ¿adiós Big Bang?

Concepción artística del Horizonte de Sucesos de un Agujero Negro.

Concepción artística del Horizonte de Sucesos de un Agujero Negro. Crédito: Victor de Schwanberg/Science Photo Library.

¿Podría necesitar la teoría del famoso “Big Bang”, una revisión? Un grupo de físicos teóricos supone que el nacimiento del universo podría haber ocurrido después de que una estrella de cuatro dimensiones colapsó en un agujero negro y expulsó sus desechos.

Antes de entrar en sus resultados, vamos a aclarar esto diciendo que nadie sabe nada a ciencia cierta. Los seres humanos, obviamente, no estábamos presentes cuando el universo empezó. La teoría estándar es que el universo creció de un punto infinitamente denso o singularidad, pero quién sabe lo que había antes que todo.

¿Cuáles son las limitaciones de la teoría del Big Bang? La singularidad es uno de ellos. Afirmó Niayesh Afshordi, astrofísico en el Instituto Perimeter de Física Teórica en Canadá, quien es coautor del nuevo estudio. Además, es difícil predecir qué habría producido un universo teniendo una temperatura casi uniforme, debido a la edad del universo (unos 13,800 millones años) no le da suficiente tiempo -por lo que podemos decir- para llegar a una temperatura equilibrada.

La mayoría de los cosmólogos dicen que el universo se debió haber ido expandiendo más rápido que la velocidad de la luz para que esto sucediera, pero Afshordi dice incluso que la teoría tiene problemas: “El Big Bang fue tan caótico, que no es claro si habría habido incluso una pequeña región homogénea para que la inflación empezara a funcionar”.

Los físicos proponen:

  • El modelo que construyeron tiene un universo en tres dimensiones, flotando como una membrana (o brana), en un “universo mayor” que tiene cuatro dimensiones. (Sí, esto causa dolor de cabeza, así que puede ser que sea más fácil de pensar de forma temporal en la membrana como de dos dimensiones y el “universo mayor” en tres dimensiones.)
  • Así pues, si este “universo mayor” tiene estrellas de cuatro dimensiones, estas estrellas podrían pasar por los mismos ciclos de vida que las de tres dimensiones que nos son más familiares. Las más masivas estallarían como supernovas, desgarrando su superficie y colapsando internamente como un agujero negro.
  • El agujero negro 4-D tendría un “horizonte de sucesos” al igual que los de 3-D que nos son más familiares. El horizonte de sucesos es el límite entre el interior y el exterior en un agujero negro. Hay muchas teorías de lo que sucede en el interior de un agujero negro, aunque nunca se ha observado nada.
  • En un universo 3-D, el horizonte de sucesos aparece como una superficie de dos dimensiones. Por lo tanto en un universo 4-D, el horizonte de sucesos sería un objeto de 3-D llamado hiperesfera.
  • Así que, básicamente, lo que el modelo dice es que cuando las estrellas 4-D colapsan, con el material sobrante crearían una membrana 3-D que rodea a un horizonte de sucesos 3-D y luego se expande.

Para llevar esto a las cosas que podemos ver, se desprende de las observaciones de que el universo está en expansión (y de hecho es cada vez más rápido a medida que se expande, posiblemente debido a la misteriosa energía oscura). La nueva teoría dice que la expansión se deriva del crecimiento de esta membrana 3-D. Sin embargo, existe al menos una limitación.

Aunque el modelo no explica por qué el universo tiene una temperatura casi uniforme (el universo 4-D anterior, habría existido por mucho más tiempo), un telescopio de la Agencia Espacial Europea llamado Planck, ha mapeado recientemente pequeñas variaciones de temperatura en el cósmico fondo de microondas, que se cree, serían restos de los inicios del universo.

Fuente: Universe Today

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  • Alberto Unapiedra

    Muy interesante la nota y muy clara. Solo quiero señalarte dos cosas: la palabra “creacion” en el titulo no corresponde si hablamos de cosmologia. Por otra parte lo que acelera la expansion del Universo, segun las teorias mayormente aceptadas, es la energia oscura. La materia, oscura o visible, no puede hacer mas que frenar la expansion. Saludos.

    • José Dab

      Agradecimientos vastos por su comentario, tiene razón. Saludos. 🙂

    • Juan Carlos Muñoz Castañeda

      ojo, no es una teoria es una hipotesis, “materia hipotetica que no se puede medir pero que infiere por la influencia que ejerce sobre otros cuerpos”, fue la respuesta de algunos cientificos ante la imposibilidad de contestar porque la teoria del BIGBANG va encontra de las leyes de la termodinamica, impulso angular, etc…, el problema radica en que cuando repites tanto una cosa esta se convierte en “verdad”, tal como paso con la teoria del BIGBANG , se convirtio en “verdad” de tanto repetirla , pero muchos cientificos sin mucho acceso a los medios siempre han dudado de la teoria debido a la clara violacion a leyes fisicas. Saludos

  • Juan Carlos Muñoz Castañeda

    El problema actual radica en el “intelectualoidismo”, gran porcentaje de las persona CREEN en la teoria del BIGBANG pero no la entienden, no saben sus apartados y ni siquiera comprenden sobre que hipotesis se fundamenta.

  • oswaldo silva

    SERIA MÁS QUÉ HIPOTÉTICO PENSAR QUE LA MATERIA OSCURA DESCIENDE ENERGIA SOBRE MATERIA OSCURA

  • felix

    Mi duda es… sobre qué rota nuestro universo conocido? plenamente convencido, que nuestro universo es a un exo-universo, lo que una supernova a nuestro cosmos

  • Francisco Javier Cervigon

    Sobre el origen del Universo, en lo científico la pregunta más interesante es
    cómo se ha creado. En lo religioso, en cambio, lo que más interesa es
    Quién y para qué. Hasta hace poco los astrofísicos no podían resolver
    el problema, aunque ya desde hacía varios siglos el heliocentrismo se
    había ido imponiendo gradualmente al geocentrismo. Por ello se
    aceptaba comúnmente la narración de los siete días del Génesis, pero
    desde comienzos del siglo XX técnicas y teorías habían progresado
    extraordinariamente y se apoyaban mutuamente. Pudo así empezar a
    estudiarse científicamente.
    Todo parece haberse formado como consecuencia de una gran
    explosión llamada B ig Bang , habiendo sido formulada esta teoría de un
    modo metódico y científico por el astrofísico y sacerdote belga Georges
    Lemaître en 1927, q ue él la llamó la Gran Implosión. La proporción
    existente de ciertos elementos en todo el Universo, particularmente
    hidrógeno, deuterio y helio, proporcionan argumentos convincentes
    sobre la teoría del B ig Bang , y hoy los físicos están generalmente de
    acuerdo en que el Universo empezó como un punto de energía
    infinitamente denso. Toda la materia y energía estaba
    superconcentrada en un pequeño espacio. Según esta teoría, si el
    Universo se expande como la metralla de una bomba que ha
    explotado, es de suponer que era como una especie de “huevo
    cósmico”.
    El B ig Bang i ndica que la naturaleza tuvo un inicio definido, pues
    no se concibe cómo la naturaleza inexistente puede crearse a sí
    misma. Sólo una fuerza sobrenatural fuera del espacio y del tiempo, es
    decir Dios, puede haberlo hecho. El B ig Bang o frece un argumento
    interesante a favor de la existencia de un Creador. Pero aunque la
    teoría del Big Bang propuesta por Lemaitre es la más aceptada, para
    muchos investigadores el origen continúa siendo un enigma. Para
    Christof Wetterich, físico de la Universidad de Heidelberg (Alemania), el
    universo es el resultado de un largo y gélido periodo de transformación
    y no de un fuerte estallido como afirma la teoría del Big Bang.
    Si aceptamos el B ig Bang, ¿qué pasó antes? A esta pregunta
    contestan los científicos que no lo sabemos, que es inimaginable e
    indeducible y que ellos son físicos, pero no metafísicos. ¿Y después?
    Durante el primer millón de años después del B ig Bang , la temperatura
    cayó y se empezaron a formar núcleos y átomos. La materia se
    empezó a agrupar en galaxias por la fuerza de la gravedad, debido a
    un movimiento rotativo que les dio forma de espiral. En cuanto al Sol,
    es una estrella que se formó hará unos cinco mil millones de años. En
    lo referente a la Tierra, inicialmente demasiado caliente, se enfrió poco
    a poco, generó una atmósfera y se hizo potencialmente habitable hará
    unos cuatro mil millones de años. Apenas ciento cincuenta millones de
    años más tarde ya bullía de vida, hasta que finalmente aparece,
    ciertamente no hace mucho tiempo, el hombre.
    Antes del amanecer
    ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿De dónde vienen todas
    las cosas y a dónde van? Todo individuo se plantea estas cuestiones
    en algún momento de su vida. En realidad, el hombre ha buscado su
    origen desde que tuvo conciencia de sí. De este modo, su capacidad
    para formular tales preguntas ha hecho de él un ser singular en el
    Universo conocido, ya que, por lo que sabemos, es la única criatura
    dotada de semejante nivel de conciencia. Las respuestas han sido
    múltiples: intuitivas, ingeniosas, fantásticas. Pero ahora, en la era
    científica, disponemos de una ingente cantidad de nueva información.
    Las viejas explicaciones han caducado, pero, puesto que gran parte de
    la nueva información ha sido objeto de interpretaciones conflictivas,
    ninguna “historia genética” omnímoda las ha reemplazado. Esto se
    debe, en parte, a que la ciencia ha progresado desfasadamente: por
    ejemplo, poseemos grandes conocimientos sobre física y química, pero
    sabemos muy poco de biología, acerca del tiempo o, por citar un tema
    mucho más próximo a nosotros, sobre nuestro cerebro. En algunos
    campos hemos rebasado el siglo xx. En otros, permanecemos aún en
    el oscurantismo. Por ello, no ha sido sencillo alcanzar una imagen
    coherente de nuestros orígenes. Por otra parte, en los últimos años,
    algunas teorías claves han ganado amplia aceptación: las que atañen
    al origen del Universo, por ejemplo, y las que nos aclaran determinados
    aspectos del origen de la vida. Algunos descubrimientos sorprendentes
    han confirmado teorías que ya sustentábamos. Entre éstas fue notable
    el descubrimiento del ADN: la clave de la estructura de toda materia
    viviente. Todavía permanecemos en la incertidumbre acerca de
    nuestros orígenes, y es probable que nunca conozcamos los detalles
    exactos. Pero aplicando las actuales teorías de la ciencia, podemos
    intentar desplegar una exposición totalizadora.
    Tal exposición revela que el hombre es producto de un
    reordenamiento increíblemente complejo de la materia original del
    Universo. Se trata de un ser singular ―podemos afirmarlo―, capaz de
    exigir una explicación de su existencia, y capaz asimismo de postular,
    ahora, una respuesta lógica y coherente.
    La exposición remonta la materia que nos conforma a través del
    tiempo, del comienzo de la vida, de la formación de nuestro planeta y
    del nacimiento de las estrellas, hasta el momento mismo en que
    comenzó el Universo. También detalla el modo en que esa materia,
    dispuesta en una forma viviente, puede ser concebida, nacer y madurar
    hasta convertirse en un ser humano dotado de conciencia.
    Antes de que todo comenzara ya existía Aquel que es la Palabra
    Dios creó todo de la nada. Antes de que comenzara todo era ,
    la nada, que no podemos conocer ni nombrar. Pero como somos
    humanos nos proponemos representarlo: , la nada, no era cualquier
    cosa ni era una nocosa;
    era la nada. De nada no puede salir nada, a
    menos que Dios cree. La nada carecía de centro y de límite, de interior
    y de exterior. Ninguna altura se cernía sobre ninguna profundidad,
    ninguna luz se correspondía con ninguna oscuridad, ningún calor
    respondía a ningún frío. Una parte era exactamente igual a todas las
    partes. Y por ello no podía tener parte, números, grados ni diferencias
    de ningún tipo. De ahí que no podamos darle nombre, aunque la
    llamemos n ada . Pero luego, súbitamente, se produjo una diferencia.
    Para los que acostumbramos a nombrar las cosas hubo, a la vez, más
    que nada y menos que nada: positivo y negativo, aquí y allá, interior y
    exterior, centro y límite, principio y fin, materia y… Y en ese momento
    hubo espacio. Pero ese espacio instantáneo no podía retener aquellos
    incalculables opuestos que se separaron con un poderoso Bang. En
    ese instante hubo dimensión y también tiempo. De toda la materia
    arrojada por aquel gigantesco Bang, sólo una parte infinitesimal
    permaneció unida para formar el Sol, la Tierra, la vida y a nosotros.
    Bang. Nada se ha agregado, nada se extrajo. Los materiales de
    todo cuanto hayas visto o tocado estaban allí. Ahí estaban los
    materiales para ti, y también para mí. Todo forma parte de un proceso
    indefinido que marcha adelante, de una prolongada secuencia de
    reordenamiento.
    Una fuerza insuperable une todos esos fragmentos arrojados
    integrándolos en un sistema, un Universo: la gravedad. Desde el
    momento de aquel poderoso Bang hasta hoy, y desde ahora hasta el
    fin del Universo, la gravedad ha influido y seguirá influyendo en su
    lucha por trastocar la expansión del Universo. Si triunfa la gravedad y
    la materia y la energía retornan, el tiempo se detendrá y el espacio sólo
    será un punto. Luego, con un poderoso Antibang, quizá todo quede
    aniquilado y vuelva a ser (que todavía no podemos conocer ni
    nombrar).
    Tal vez existe un superuniverso en el que esta excursión de
    ochenta billones de años de Bang a Antibang no sea más que la
    rompiente de una ola única sobre una roca de un mar desconocido en
    un planeta muerto del sistema menos considerado, perdido en el más
    allá, entre las galaxias más insignificantes. Si es así, no puede
    importarnos. Más allá de los límites del tiempo y el espacio, sólo hay
    silencio.
    Bang, Antibang y Big Bang son las denominaciones usuales en la
    física contemporánea para referirse al modelo del Universo Lemaitre,
    fueron incorporadas por el astrofísico rusoamericano George Gamow.
    Otros especialistas sugieren la designación de teoría de “Universo en
    explosión” para este modelo. Todas estas expresiones que aluden a
    Estallido, Antiestallido y Gran Estallido se utilizan corrientemente en las
    obras en castellano sobre el tema.
    El origen del Universo es el instante en que…
    En el instante en que comenzó el Universo, hace
    aproximadamente quince billones de años, éste era una masa hirviente
    de energía productora de ampollas y efímeras partículas de materia,
    densamente apiñadas a altísima temperatura. Este glóbulo, muy
    comprimido, se expandió de pronto y fue arrojado a una velocidad
    semejante a la de la luz. A medida que iba expandiéndose, su energía
    debía desplegarse de modo más tenue a través de volúmenes de
    espacio cada vez mayores.
    Una hora después del Bang, la temperatura había disminuido lo
    suficiente como para que se formaran partículas estables: protones,
    neutrones y electrones. Pero habrían de pasar diez millones de años
    antes de que el glóbulo en expansión se hubiera enfriado lo suficiente
    como para que dichas partículas formaran asociaciones o átomos
    estables. Las primeras asociaciones fueron hidrógeno (un protón y un
    electrón) y helio (dos protones, dos neutrones y dos electrones). Poco
    después, todo el Universo estaba compuesto por estos dos elementos,
    que se desplazaban desde el centro hacia afuera.
    Pero la formación de gas en el Universo no fue paralela al
    proceso descrito. Hubo billones de sitios en los que su densidad se
    modificó ligeramente. Las partes más densas ejercían una atracción
    gravitatoria más poderosa que las demás y, naturalmente, se
    convirtieron en los centros hacia los cuales se sentían Impulsadas las
    partes menos densas.
    El Universo, todavía en expansión, se convirtió en una serie de
    agrupaciones masivas de gas arremolinado, y las galaxias eran mucho
    más amplias de cuanto podamos imaginar. Las había de todas las
    formas.
    En la actualidad, el Universo es prácticamente inconmensurable.
    Para tratar de comprender su tamaño, debemos emplear un año luz, la
    distancia que recorre la luz a 300.000 kilómetros por segundo en un
    año, es decir nueve trillones de kilómetros. Esto casi excede nuestra
    capacidad imaginativa, pero, para tener una idea de la escala a que
    nos referimos, diremos que la luz del Sol tarda ocho minutos en llegar
    hasta nosotros, que la de la estrella más cercana invierte más de
    cuatro años y que la luz de la galaxia más lejana precisa cinco billones
    de años. La luz de los objetos más distantes y misteriosos del
    Universo, denominados quasars, que se alejan de nosotros casi a la
    velocidad de la luz, ha tardado en llegar hasta nosotros doce billones
    de años. Por eso podemos decir que ahora vemos esos objetos como
    solían ser hace doce billones de años.
    Fundiciones gigantescas
    Toma ocho protones y ocho neutrones, haz que ocho electrones
    pasen aceleradamente a su alrededor y tendrás oxígeno. Con
    veintiséis protones, treinta neutrones y veintiséis electrones tendrás
    hierro. El oro lo componen 79 protones, 118 neutrones y 79 electrones.
    En la naturaleza existen 92 elementos distintos compuestos de este
    modo, con excepción de hidrógeno y el helio todos han sido creados
    desde la formación de nuestra galaxia.
    En una galaxia existe la tendencia a que toda la masa comience
    a girar. También existe la tendencia a que se forme un disco que,
    gradualmente, se vuelve más esférico. En el interior de tales discos hay
    remolinos secundarios, donde los centros locales de gravedad
    comienzan a contener masas de gas y polvo. Éstas terminan por
    formar un centenar de billones de remolinos, cada uno de los cuales
    constituye la simiente de una estrella.
    A medida que el hidrógeno y el helio se concentran, a medida
    que una cantidad cada vez mayor de gas es atraída por la gravedad de
    la estrella creciente, y a medida que el apiñamiento y los forcejeos de
    los átomos se hacen más tensos, la temperatura supera el límite de
    toda medición significativa. Hasta los átomos de hidrógeno y helio se
    separan, retornando a sus protones, neutrones y electrones
    constitutivos. En algunos sitios se concentran tan densamente que
    Incluso unos protones se fusionan con otros.
    Esta fusión sólo se produce si la temperatura alcanza millones de
    grados; cuando esto ocurre, libera una inmensa cantidad de energía.
    ¿De qué manera lo hace? Resulta extraño que dos protones
    fusionados pesen menos que dos separados. Y cuatro protones
    fusionados pesan menos que dos pares. El peso que se pierde sale en
    forma de energía radiante: calor, luz, rayos X y así sucesivamente.
    Este proceso de fusión generador de energía es el corazón de la
    bomba de hidrógeno. De modo que esas estrellas son, en realidad,
    bombas de hidrógeno naturales. La fuerza de la energía que podría
    hacer estallar la estrella es contrarrestada por la enorme atracción de
    la gravedad.
    Nuestro Sol en la galaxia Nuestro Sol es sólo uno de los cien
    billones de astros de nuestra galaxia. Está situado aproximadamente a
    tres quintos hacia el exterior de la galaxia, que gira muy lentamente y
    completa una revolución cada doscientos millones de años.
    Pero el efecto de la bomba de hidrógeno no durará eternamente,
    y todas las estrellas que han nacido tienen una “vida” y finalmente
    mueren. Las estrellas de tamaño común, como nuestro Sol, durarán
    alrededor de diez billones de años, pero cuando el “combustible” de
    hidrógeno del centro esté casi agotado la estrella se volverá mucho
    más brillante, una “gigante roja” de un tamaño cientos de veces mayor.
    Cuando esto le ocurra a nuestro Sol, aproximadamente dentro de unos
    cinco billones de años a partir de ahora, los planetas interiores, incluida
    la Tierra, estarán quemados. Esta etapa de “gigante roja” no dura
    mucho tiempo. El resto de energía nuclear se agota rápidamente y la
    estrella cae por su propia fuerza de gravedad. La caída continúa hasta
    que toda la masa alcanza un volumen menor al del tamaño de la
    Tierra. Dichas estrellas se llaman enanas blancas. Son tan densas que
    un cubo de su materia pesaría cientos de toneladas. Irradian
    lentamente al espacio los restos de su calor y desaparecen en la
    oscuridad.
    Pero un destino distinto aguarda a una estrella grande, muchas
    veces mayor que nuestro Sol. La presión de la gravedad hacia el
    interior es tan poderosa que el centro de la estrella se quema con
    rapidez y ésta muere muy pronto. Cuando prácticamente todo el
    hidrógeno ha sido separado, la estrella cae hasta que su temperatura
    alcanza los cientos de millones de grados. A esta temperatura se
    combinan los protones, los neutrones y los electrones para formar los
    92 elementos. Todos los elementos surgen de esta forma, apiñados en
    el ígneo corazón de esas estrellas.
    La extraordinaria caída crea una energía tan vasta en el centro,
    que esta gigantesca fundición estalla en lo que se denomina la
    explosión de una supernova, esparciendo en el espacio sus 92
    elementos, donde se mezclan con el gas de hidrógeno y helio
    existentes. Durante la explosión de una supernova la estrella puede ser
    billones de veces más brillante que el Sol, probablemente, tan brillante
    como todas las estrellas de la galaxia juntas. Detrás queda una estrella
    “neutrón” de increíble densidad, millones de veces más densa que la
    enana blanca.
    En las tremendas explosiones de estrellas en caída, la fuerza de
    la gravedad es tanto más fuerte cuanto que la caída continúa hasta que
    se crea un agujero negro, del que ni siquiera la luz puede escapar. En
    cuanto existe un agujero negro, la estrella que cae se vuelve invisible.
    Toda materia o incluso una estrella entera que cayera en un agujero
    negro desaparecería para siempre, víctima de la terrorífica gravedad
    de aquél.
    En nuestro Sol y sus planetas, el sistema solar está compuesto
    por un cuerpo central de elevada masa ―el Sol― y por cuerpos más
    pequeños y ligeros ―los planetas― que giran a su alrededor. De los
    nueve planetas, Júpiter es el mayor, y Mercurio el más pequeño. El Sol
    pesa setecientas veces más que la suma del peso de todos los
    planetas.
    Desde que se formó nuestra galaxia, hace alrededor de diez
    billones de años, las explosiones de supernovas se han producido a un
    promedio de una por siglo. Dados los millones de estas explosiones,
    los nuevos elementos se han distribuido gradualmente por toda la
    galaxia; su composición también ha cambiado de forma paulatina. Sin
    embargo, la galaxia sigue estando compuesta por su 93% de
    hidrógeno y menos del 7% de helio originales. Algo menos del 1% ha
    formado carbono, hierro, aluminio, nitrógeno, oxígeno… y los noventa
    tipos de átomos restantes. La capacidad de estos átomos para
    combinarse entre sí explica todo lo que ha sucedido desde entonces.
    Por ejemplo, el hidrógeno se combina con el oxígeno para formar el
    agua. El oxígeno se combina con el hierro, el aluminio y el silicio para
    formar un millar de tipos distintos de roca.
    ¿De qué modo se combinan? Compartiendo sus electrones. En el
    agua, por ejemplo, los electrones que giran alrededor de dos núcleos
    de hidrógeno también trazan órbitas en torno al núcleo de oxígeno,
    configurando una especie de paquete atado con un trozo confuso de
    cuerda electrónica. Así es la molécula de agua: dos hidrógenos, un
    oxígeno.
    Hablamos de átomos y moléculas, pues básicamente la materia
    sólida está compuesta por átomos. El equivalente a 25,4 mm³ de una
    sustancia sólida común contiene tantos átomos como granos de arena
    todos los océanos de la Tierra. Los átomos se unen para formar
    moléculas. Por ejemplo, el hidrógeno se une con el oxígeno para
    constituir una molécula de agua; el hidrógeno, el oxígeno, el carbono y
    el nitrógeno se combinan para formar una molécula de glicina, que
    todos los organismos vivientes contienen.
    Los aminoácidos se unen para formar proteínas. El hidrógeno. el
    más simple de los átomos. La molécula de glicina, el más simple de los
    aminoácidos.
    La cuna de un centenar de soles
    Hace aproximadamente cinco billones de años, un número
    suficiente de estrellas grandes de nuestra galaxia fue separado
    mediante explosiones de supernova para enriquecer la mezcla original
    de hidrógeno y helio con una pequeña fracción de los demás
    elementos.
    Imagina parte de ese gas enriquecido girando hacia el interior
    hasta formar una nube gigantesca: la cuna de un centenar de estrellas
    nuevas. A medida que las nubes se vuelven más apretadas, se forman
    muchos remolinos separados; uno de ellos es el embrión de Sol. A
    medida que el gas y el polvo se unen bajo el influjo de la gravedad, la
    parte interior del remolino se junta para formar el Sol, que comienza a
    girar a velocidad cada vez mayor. Esta rápida rotación es causa de que
    la parte exterior se achate hasta formar un extenso disco de más de un
    billón y medio de kilómetros de ancho; ahí se formarán la Tierra y los
    planetas.
    A medida que el calor aumenta en el centro de Sol, éste
    comienza a brillar débilmente y, más tarde, cuando se producen las
    reacciones nucleares, la temperatura se eleva con rapidez hasta
    alcanzar los vertiginosos catorce millones de grados. Ahora nuestro Sol
    está en llamas y maduro; muy poco cambiará en los próximos diez
    billones de años. Una vez formadas todas las estrellas de esa nube
    gigantesca, comienzan lentamente a apartarse hasta alcanzar sus
    distancias actuales. Debieron de nacen muchas estrellas como nuestro
    Sol; muchas estrellas que serían lo bastante estables como para
    albergar vida en sus planetas cercanos. El Sol es una estrella de tipo
    muy común en nuestra galaxia, aunque nos parezca un cuerpo
    sorprendente. Tiene un diámetro de 1,4 millones de kilómetros y nunca
    deja de irradiar 370.000 billones de billones de kilovatios de energía en
    el espacio. La Tierra sólo absorbe las dos billonésimas partes de esa
    energía. Lo cual equivale a dos millones de veces las exigencias
    energéticas actuales de la humanidad.
    Granos de polvo, guijarros en planetas
    Piensa nuevamente en aquel enorme disco que se extiende más
    de un billón y medio de kilómetros alrededor del Sol primitivo. Allí se
    han formado pequeños remolinos, y los elementos más pesados se
    han convertido en materia sólida; el polvo se ha vuelto granos; los
    granos, guijarros y éstos se han transformado en cantos rodados.
    Fueron masas compuestas por terrones con algunos del tamaño
    de montañas las que finalmente convergieron en puntos situados a
    distancias variables del Sol. A medida que esos guijarros y cantos
    rodados monstruosos caían unos sobre otros bajo la acción de la
    gravedad, formaban cuerpos aún mayores: los planetas.
    Mientras los planetas se formaban, el Sol primigenio comenzó a
    frenar hasta alcanzar su velocidad actual, y literalmente soltó los
    elementos más ligeros del disco, que eran hidrógeno y helio. Pero el
    Sol posee una masa suficiente como para contener todos sus
    elementos constitutivos, y si tomamos en consideración el escaso
    hidrógeno que desde entonces se ha convertido en helio el proceso
    que libera la inmensa cantidad de energía solar, resultará que la
    composición del Sol era muy parecida a la del gas y el polvo
    enriquecidos de la galaxia: 93% de hidrógeno, menos del 70% de helio,
    menos del 10% de todo lo demás. Los planetas exteriores ―Júpiter,
    Saturno, Urano y Neptuno― son gigantes, en consecuencia, su masa
    supera la de los menores. Una masa mayor ejerce más atracción
    gravitatoria, y esto les ha permitido retener prácticamente todo el
    hidrógeno y el helio. En realidad, Júpiter casi puede considerarse una
    estrella aunque es el mayor, la fuerza de su gravedad hacia el interior
    no basta para crear el efecto de la “bomba de hidrógeno”.
    Los planetas interiores ―Mercurio, Venus, Tierra y Marte― son
    más pequeños, y la atracción de la gravedad resulta más débil. Por ello
    pierden gran parte de los dos gases más ligeros. Pero, en contraste,
    suelen retener los elementos más pesados: carbono, hierro, nitrógeno,
    aluminio, etcétera.
    Existen dos tipos más de planetas. Los asteroides, el gran anillo
    de cantos rodados entre Marte y Júpiter, podrían ser un planeta que se
    desmembró, y Plutón, el más lejano de todos, podría ser un satélite
    que se apartó de Neptuno. De tamaño semejante al de Mercurio, gira
    alrededor del Sol trazando una órbita muy alargada.
    Un planeta debe encontrarse a cierta distancia de Sol para
    albergar vida. Si está muy cerca, la atmósfera hierve en el espacio, y si
    está demasiado lejos, se congela, en especial el vapor de agua,
    esencial para nuestro tipo de vida. Sólo la Tierra está situada a una
    distancia adecuada del Sol.
    Francisco Javier Cervigon Ruckauer